no. 87
A Sandra Irais
En una noche nos consumimos, y ya no volvimos a renacer.
no. 86
A Sandra Irais
Esto, es una despedida.
Debo decirte que falta algo entre nosotros, eso que es necesario para construir historias. Seremos eternos en la medida de lo mortal, de lo pretérito, en la medida en que aquellos ojos fueron testigos de nuestra unión. Pero entre nosotros falta algo, y no porque no exista, sino porque falta. Hace mucho tiempo, querida, falta algo entre nosotros, algo que se perdió en algún momento del tiempo, algo que ya no ha vuelto a florecer, así que… esto, es una despedida.
no. 84
Se acerca Irais y me pide un trago de whisky.
-Tus labios con sabor a whisky… y tu piel del color del coñac, sólo me queda beberte mientras dibujo tu silueta en una hoja en blanco y tecleando continuamente la letras S e I hasta darle forma a tu boca para poder besarte.
Puedo sentir el sabor del whisky recorriendo mi gargante mientras le digo, bebe otra, hermosa. Me mira y me pregunta por qué le he dicho eso.
-Porque soy escritor, porque soy alcohólico y porque usted me gusta sobremanera… y porque me encanta ver a una mujer bebiendo whisky a mi lado… y porque me encanta escribir sobre ello… y porque esta noche tuvo el tino de pedirme un trago mientras escribo un cuento que no he podido terminar en un mes.
Y le digo, salud, bella.
-Me haz hecho la noche – y se marcha.
no. 60
Le dije a Irais que no debía darme las gracias por nada, sobre todo, acerca de algo que no había estado en mis manos -el conocernos-. Ella insistió, alegando cosas sin fundamento.
-Ayer soñé contigo, pero no me sorprendió, pues para serte sincera ha ocurrido muchas veces, aunque las anteriores han sido mejores, se ha podido concretar cosas que en la realidad se han detenido… yo sé que ahora eres distinto, muy distinto y quizá en ocasiones raro.
-Aclara eso – dije.
-Digamos que con pensamientos muy distintos a los del resto de la gente… pero ¡va!, eso que importa.
-No sé porque pero por alguna razón sé que no debo seguir hablándote. Tal vez quisiera leer de tus dedos que en verdad te marchas – le dije esperando un adiós definitivo.
-Yo quiero seguir conservándote.
-¿Para que?
-Aún quedan momentos que compartir…
-Lo dices de una manera tan tranquila, ¿en donde ha quedado tu pasión?
-Mi vida no ha funcionado esta semana – me dijo tratando de ocultar su desgano.
-¿Y yo tengo la culpa?
-No… en lo absoluto.
-Yo creo debemos tener sexo y decirnos adiós – dije tajante.
-¡Uyyy!, se lee feo…
-Lo sé… pero querida, ¿no será que en el fondo solo quieras eso?
Nos despedimos prometiéndonos demasiado. Ella se va, pero no creo volver a mirarla como antes, con esa alegría por la nostalgia cuando escuchaba o leía su nombre. Ella ya no es más lo que una vez fue, delirio. Y ahora es más lo que no era antes: omisión.
no. 59
A Irais
Hace algún tiempo leí tus cartas, las leí en un momento de soledad, leí lo que decías, y recordé el momento en que me las habías dado. Entonces me di cuenta que tus palabras eran como viento, como pedazos de momentos cortos, fugaces, y me percaté querida que, eras como una sensación de amargura extendida, que eras lo cotidiano, lo repetitivo, lo mundano, lo que sucede, lo que permanece, de pronto, ese día recordé que ya no estabas, y que tus sentencias fueron definitorias, a corto plazo, estáticas, sin movimiento, sin tiempo futuro… y ahora que te reconozco otra vez, eres eso y más…


deja un comentario