no. 22
A ti, flor marchita…
A ti, esplendido asteroide exiliado.
A ustedes, versos en pasado, siempre presentes, ahora desaparecidos.
Te he olvidado. No este día, sino pasado mañana, y la mañana siguiente. Y te digo gracias por haberte marchado, y dejar huellas en la arena que han sido bañadas y desaparecidas por la suave marea de las olas de medianoche, en donde siempre aguardaste, en donde siempre tuviste un hogar.
Y ahora recuerdo los besos que nos dimos como una despedida justa, anticipada. Los abrazos a media calle, en la noche, escuchando música, esperando tu partida. Esas visitas cortas, apresuradas, y las formas distintas de crear sueños. Ahora recordaré tus ojos brillantes como dos flechas de fuego arrasando el camino, tus manos pequeñas y tus labios torpes como sueños juveniles. Las recordaré cuando no me quede nada, cuando el sol se apague y la noche brille.
no. 17
A Aglaé
Te olvidaré esta noche, entre tragos ahogados de alcohol, entre versos tropicales y recuerdos desvanecidos. Intentaré escribir de ti, de ese sabor que tiene tu boca al mantenerse cerrada, de tus frases cortas y simples, de tu desdén, de ti.
Pero no te aseguró pensar en tus ojos, ni en tus labios que he olvidado en mi recamara, aquella noche cuando supe que eras soledad, que eras todo y eras nada, que eras Mariana y que no eras más que un anhelo consumado con el dulce aroma de espacios abiertos, de cielo azul despejado, que habías dejado de ser tormenta para convertirte en temporal. Oh si, tú. Esa. Tú.
no. 16
Para Aglaé
Tienes algo hacía mí que no me haz dicho y que no permite encontrarnos como antes. O tal vez solo deba dejarlo pasar; pero el hecho, porque el mundo se construye por ellos, es que ya no somos lo que éramos, y eso era un sin fin de adjetivos y sinónimos.
Tal vez falto algo por decirnos, aunque estoy seguro siempre haberte dicho todo, o quizá sea que tú no tengas nada que decirme. Pero cada vez que apareces a media tarde o rasando por las noches, me dueles porque te haz ido.
no. 7
A Aglaé
Yo le digo: en ocasiones parece que estamos en frecuencia, y es cuando te necesito. Otras veces parece que solo somos meros compañeros de ruta, y es cuando trato de olvidarte.
Y ella me dice: no me extrañes. Siempre sabes dónde encontrarme, no hay razón para extrañarme.
Y la soledad me acompaña porque mi situación es precaria y la extraño y la necesito de otra manera.


deja un comentario