no. 66
A Erika Salinas
Fuiste un tiempo mi favorita, mi cosa animada, mi pretexto. Pero ahora que te veo, sólo encuentro nostalgia. Veo en ti una imagen linda, un recuerdo plausible, no un presente real. Y a veces no te recuerdo, querida. Haz dejado en mí una especie de vacío, como una estela de aire libre, amargo y profundo.
no. 55
Me encuentro a Erika y le muestro la portada de mi página, en donde aparece ella.
-¿A poco así me veo? – pregunta sorprendida-. Parece que estoy triste.
-Así te ves.
-Esta linda tu portada.
-Esta linda porque estas tú.
Ríe y se sonroja; y una vez más, se despide y me quedo pensando en ella, no sé por qué.
no. 51
A Erika Salinas
Y será duro verte y no buscarte, hacer cuenta que eres un espejismo.
no. 50
Me encuentro a Erika y le digo que por un momento la había colocado en un pedestal.
-¿Por un momento?, orale…
Le digo que hasta le había hecho un altar, y pienso, porque no me atrevo a decírselo, que hasta recé algunas plegarias mirando su imagen.
-Solo se les hace un altar a aquellos en los que crees. ¿Por qué creías en mí?
-No lo sé.
-¿Porque me bajaste de ahí entonces, sino puedes contestar la pregunta?
-Porque hieres.
-¿Como puedo herir a alguien si la gente desaparece?, sin decir nada.
-Haces desaparecer a la gente.
-Más bien, yo diría que la gente se oculta y espera que la busquen, sin saber que ellos también tienen que buscar y no solo saber esperar.
-Y yo creo también que la gente se acostumbra a que la busquen y es por eso que deja de buscar…
-La gente se cansa de seguir la misma costumbre, no tiene la necesidad de buscar a alguien, si ese alguien sabe que siempre va a estar ahí aunque no lo note, y no importa cuantos altares le hagan a la gente, si se van a caer porque quién los construye, no los supo sostener.
Ambos decimos en fin. Nos marchamos y tal vez en verdad nos dejemos de buscar. Es hora tal vez, cariño, que te deje partir y navegar mar adentro.
no. 46
Al ver a Erika le digo que la extraño muchísimo. Ella me dice que también. Le preguntó si es verdad. Claro que sí, mucho, dice.
-Creo lo primero que haré regresando a la universidad, es verte.
Sonríe.
-Nos veremos entonces – dice, dándome un abrazo fuerte.
Prometemos vernos entonces, ir al cine, mirar el cielo nublado, dejar pasar el día, esperando volvernos a ver al día siguiente, y al siguiente, hasta que el mundo termine.
no. 35
Le dije a Erika:
-Acá andaré un rato.
Hizo una pausa y me dijo:
-Otro más.
Entonces le di beso que nos dejó en silencio.
no. 34
A Erika Salinas
Ahora lo sabes, lo sabes todo. Y deberé dejarte ir, querida. Deberé hacerlo para mantenernos cuerdos.
no. 31
A Erika Salinas
Quisiera escribirte más, dedicarte aunque sea algunas líneas, preciosa, pero tengo temor que mis pensamientos terminen como ecos chocando contra las rocas, y finalicen desvanecidos, entre olas de olvido y mareas altas.


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