no. 99
A Flordeli
Esa noche fuiste objeto,
lamento y arrebato eran tu nombre,
gritabas ¡amor!, pidiendo clemencia,
pero tus ruegos fueron silenciados
con mis labios llenos de fuego.
Ahora te marchas a otro puerto,
exigiendo condena y eternidad,
lo cierto es que nadie sabe,
que tus labios se endulzan
con dos palabras.
Ni despedirte, ni grabar tu nombre,
que el mar se lleve tu imagen,
precaria y lejana como la tierra que habitas,
y que tu recuerdo sirva
para decirle al mundo lo que no fuiste.
Enrique Monroy © 2011
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