no. 60
Le dije a Irais que no debía darme las gracias por nada, sobre todo, acerca de algo que no había estado en mis manos -el conocernos-. Ella insistió, alegando cosas sin fundamento.
-Ayer soñé contigo, pero no me sorprendió, pues para serte sincera ha ocurrido muchas veces, aunque las anteriores han sido mejores, se ha podido concretar cosas que en la realidad se han detenido… yo sé que ahora eres distinto, muy distinto y quizá en ocasiones raro.
-Aclara eso – dije.
-Digamos que con pensamientos muy distintos a los del resto de la gente… pero ¡va!, eso que importa.
-No sé porque pero por alguna razón sé que no debo seguir hablándote. Tal vez quisiera leer de tus dedos que en verdad te marchas – le dije esperando un adiós definitivo.
-Yo quiero seguir conservándote.
-¿Para que?
-Aún quedan momentos que compartir…
-Lo dices de una manera tan tranquila, ¿en donde ha quedado tu pasión?
-Mi vida no ha funcionado esta semana – me dijo tratando de ocultar su desgano.
-¿Y yo tengo la culpa?
-No… en lo absoluto.
-Yo creo debemos tener sexo y decirnos adiós – dije tajante.
-¡Uyyy!, se lee feo…
-Lo sé… pero querida, ¿no será que en el fondo solo quieras eso?
Nos despedimos prometiéndonos demasiado. Ella se va, pero no creo volver a mirarla como antes, con esa alegría por la nostalgia cuando escuchaba o leía su nombre. Ella ya no es más lo que una vez fue, delirio. Y ahora es más lo que no era antes: omisión.


saludos
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