no. 61
Me froto los ojos, y sigo caminando… – dice Claudia
no. 60
Le dije a Irais que no debía darme las gracias por nada, sobre todo, acerca de algo que no había estado en mis manos -el conocernos-. Ella insistió, alegando cosas sin fundamento.
-Ayer soñé contigo, pero no me sorprendió, pues para serte sincera ha ocurrido muchas veces, aunque las anteriores han sido mejores, se ha podido concretar cosas que en la realidad se han detenido… yo sé que ahora eres distinto, muy distinto y quizá en ocasiones raro.
-Aclara eso – dije.
-Digamos que con pensamientos muy distintos a los del resto de la gente… pero ¡va!, eso que importa.
-No sé porque pero por alguna razón sé que no debo seguir hablándote. Tal vez quisiera leer de tus dedos que en verdad te marchas – le dije esperando un adiós definitivo.
-Yo quiero seguir conservándote.
-¿Para que?
-Aún quedan momentos que compartir…
-Lo dices de una manera tan tranquila, ¿en donde ha quedado tu pasión?
-Mi vida no ha funcionado esta semana – me dijo tratando de ocultar su desgano.
-¿Y yo tengo la culpa?
-No… en lo absoluto.
-Yo creo debemos tener sexo y decirnos adiós – dije tajante.
-¡Uyyy!, se lee feo…
-Lo sé… pero querida, ¿no será que en el fondo solo quieras eso?
Nos despedimos prometiéndonos demasiado. Ella se va, pero no creo volver a mirarla como antes, con esa alegría por la nostalgia cuando escuchaba o leía su nombre. Ella ya no es más lo que una vez fue, delirio. Y ahora es más lo que no era antes: omisión.
no. 59
A Irais
Hace algún tiempo leí tus cartas, las leí en un momento de soledad, leí lo que decías, y recordé el momento en que me las habías dado. Entonces me di cuenta que tus palabras eran como viento, como pedazos de momentos cortos, fugaces, y me percaté querida que, eras como una sensación de amargura extendida, que eras lo cotidiano, lo repetitivo, lo mundano, lo que sucede, lo que permanece, de pronto, ese día recordé que ya no estabas, y que tus sentencias fueron definitorias, a corto plazo, estáticas, sin movimiento, sin tiempo futuro… y ahora que te reconozco otra vez, eres eso y más…
no. 58
Esta noche, amor, mi corazón ha desfallecido. Y me siento tan triste al respecto. Han pasado los días en los que me sentía tan vivo, tan lleno de esperanza. Aquello ha sucedido y ahora, en realidad no tengo nada aunque parezca que lo tengo todo. Esta noche me he abandonado. Lo siento. Mañana, seguro veré el sol brillar, porque aún no tengo el valor de encarar a la muerte.
no. 57
Eran las tres de la mañana. Carlo se había despertado, sonreía cada que yo le hablaba y pataleaba alegre mirando hacia el techo. Mossa lo tomó en sus brazos y lo acercó a su regazo para darle de comer.
-Hay algo que no me deja dormir, que me pone triste – le dije somnoliento.
Me preguntó que era.
-Después de leer la obra de Foster Wallace, he descubierto que hay dioses y habemos mortales.
-No deberías compararte – me dijo tajante.
-No me comparo. Solo que su obra me hace ver todas mis deficiencias, todas mis carencias. Después de leerle me siento tan endeble. Él no solo es intelectual, sino también inteligente. Yo no soy inteligente.
-Bueno, amor, para eso te estas preparando – dijo tratando de animarme-. En algunos años también podrás ser así.
-No Mossa, no entiendes, hasta entre los perros hay clases.
Y volvimos a dormir.
no. 56
A pesar de todos mis talentos, no me fue concedido, ya que siempre he carecido de él, ese que provoca encontrar la amistad. Siempre lo he visto de lejos, añorandolo, escribiendo acerca de él, tratándolo como algo ajeno a mi vida, e intentando en vano, acercarlo cada día sin que este me devuelva la mirada.
no. 55
Me encuentro a Erika y le muestro la portada de mi página, en donde aparece ella.
-¿A poco así me veo? – pregunta sorprendida-. Parece que estoy triste.
-Así te ves.
-Esta linda tu portada.
-Esta linda porque estas tú.
Ríe y se sonroja; y una vez más, se despide y me quedo pensando en ella, no sé por qué.


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